Abrid vuestra propia carta en el móvil, de pie en la puerta del local, con datos móviles y no con el Wi-Fi de casa. Si es un PDF, ya sabéis lo que ve el cliente.
El archivo existe porque se hizo para la imprenta, así que subirlo a la web pareció gratis. No lo es. Un archivo de imprenta y una página web tienen exigencias opuestas, y un PDF falla a la vez con el móvil y con el buscador.
Abajo, siete consecuencias concretas, de la más cara a la menos.
1. El cliente tiene que ampliar para leer algo
Un PDF tiene maquetación rígida. Abierto en el móvil se muestra como una página A4 entera reducida al ancho de la pantalla: la letra mide entonces 3–4 píxeles de alto.
Para leer los precios, el cliente tiene que ampliar, desplazarse a la derecha, bajar, reducir para orientarse y volver a ampliar. Con una carta de tres páginas son más de diez operaciones.
Tres cuartas partes de las visitas a webs de restaurantes llegan desde el móvil. Es decir, esa es la experiencia por defecto de vuestra carta.
2. Google no vincula el contenido del PDF con vuestra web
La consecuencia más cara, porque actúa en silencio.
El buscador sí indexa archivos PDF, pero los trata como documentos aparte y no como parte de la web del local. Los nombres de los platos, los ingredientes y los precios de ese archivo no trabajan prácticamente nada para la visibilidad del restaurante.
Importa en las búsquedas por platos concretos: «ramen sin gluten Madrid», «tartar de ternera cerca», «brunch vegano Malasaña». Son búsquedas de intención altísima: alguien sabe exactamente qué quiere comer. Una carta de 50 platos son 50 expresiones así. En PDF no funciona ni una.
3. La versión antigua se queda circulando
Un PDF se puede descargar, reenviar y guardar. Suena a ventaja hasta que alguien manda a sus amigos una carta de hace un año.
Peor: los archivos antiguos quedan indexados con su propia dirección. carta-2024.pdf puede seguir en los resultados mucho después de que subierais carta-nueva-final.pdf. El cliente abre el primero que aparece y ve precios de antes de dos subidas.
4. No se puede desactivar un solo plato
Se ha acabado el pescado. En una carta digital desactiváis el plato y listo. En PDF hay que buscar el archivo original, abrirlo en un programa de diseño, borrar el plato, exportar y subirlo. O, lo que pasa en la práctica, no hacer nada y dar explicaciones en la mesa.
Lo mismo con el plato del día, la oferta de temporada y el menú. Toda una clase de cambios que deberían llevar 10 segundos es inviable con un PDF, así que sencillamente no existe.
5. La carta no sirve para el cliente extranjero
Un segundo PDF en otro idioma es un segundo documento que mantener y una divergencia garantizada en unos meses. Un tercer idioma es un tercer archivo: con 3 idiomas, cada subida de precio son 3 archivos que hay que cambiar el mismo día.
En la práctica se acaba con una única versión en inglés, hecha una vez y nunca actualizada: la que los camareros dan «por si acaso» y de la que ellos mismos se avergüenzan. Más sobre esto en la carta multiidioma.
6. Los alérgenos casi nunca caben
La obligación de informar sobre alérgenos afecta a todos los locales, y la lista tiene que estar disponible antes de que el cliente pida. En una carta diseñada para imprenta el espacio es escaso, así que los alérgenos acaban en el mejor de los casos como números junto a los platos y en el peor, en ninguna parte.
No es una cuestión estética, sino una obligación del Reglamento 1169/2011. La norma admite el formato electrónico, y ahí el espacio no cuesta nada.
7. El archivo pesa y ralentiza la web
Una carta con diseño preparada para imprenta suele ocupar entre 8 y 20 MB. Con una raya de cobertura se descarga en más de diez segundos, y el cliente no ve nada durante ese rato, ni siquiera una barra de progreso, porque el navegador está esperando el archivo.
Además, en muchos navegadores móviles el PDF no se abre en la ventana, sino que va a descargas. El cliente tiene que salir del navegador, buscar el archivo y abrirlo en otra aplicación.
Con qué sustituirla
La carta debería ser una página HTML normal que se recorra con el pulgar. Nada más. No tiene por qué ser vistosa: tiene que llevar precios, estar al día y leerse sin ampliar con letra de 16 px en adelante.
No exige rehacer la web. Basta con que la carta tenga su propia dirección, a la que apunten:
- el botón «Carta» de la web, donde hoy está el enlace al PDF,
- el campo «Enlace del menú» del perfil de empresa en Google,
- el código QR de la mesa, si lo usáis,
- el enlace de la bio de Instagram.
En WMenu la carta es justo esa página: se abre sin aplicación, muestra precios y fotos actuales, lleva alérgenos junto a cada plato y un selector de idioma, y vosotros la cambiáis en el panel en segundos. Más en la página de alternativa al menú PDF.
Si ya tenéis un PDF hecho y no queréis reescribir la carta a mano, la pasamos por vosotros.
Cuándo sí tiene sentido un PDF
Como complemento, no como única versión:
- para descargar e imprimir para clientes que organizan un evento con vosotros,
- como carta de banquetes enviada por correo,
- como carta de impresión interna para el personal de sala.
En cada uno de esos casos el archivo complementa una página normal con la carta, no la sustituye.
Preguntas frecuentes
¿Una carta en PDF es mala para el SEO?
Más que mala, inútil: Google trata el archivo como documento aparte y no vincula su contenido con la web del local. Los nombres de los platos y los precios de un PDF no trabajan casi nada para la visibilidad en resultados locales.
¿Puedo dejar el PDF junto a una carta normal?
Sí, y es un montaje razonable, siempre que la versión por defecto sea la página y el PDF esté al lado como «descargar para imprimir». Al revés no funciona.
¿Cuánto se tarda en sustituir el PDF por una página con la carta?
Reescribir una carta de 40–60 platos suele ser 1–2 horas de trabajo. Si no queréis hacerlo vosotros, la carta se puede pasar desde el archivo existente.
¿Una foto de la carta es mejor que un PDF?
No, es peor. La foto tiene los mismos inconvenientes que el PDF, además no se puede ampliar sin perder nitidez y no contiene ningún texto legible.

